miércoles, 20 de mayo de 2009

Domingo 17 de Mayo

Segundo catastrófico día de lluvia. Me entretengo en el ordenador, es tarde, pero pongo música para vestirme a toda prisa. Entonces mi móvil cobra vida, es Lorena. Apago la música muy a mi pesar y salgo a su encuentro. Me informa de que parte del grupo quiere ver una de esas películas españolas de las que sales llorando por haber tirado el dinero, seguramente mi gesto fue totalmente horrible, porque nada más decirmelo comenzó a reir. Llegamos allí como 20 minutos antes, nos entretuvimos y entramos a verla con el resto del grupo y con mis gominolas. Las gominolas picantes, o guindillas, pican, obviedades de la vida, pero el agua consigue calmar el escozor de mi lengua. Acaba la "maravillosa" película y salimos, en dirección al Mc.Donald's, segundo horror de la tarde. Nada más llegar se puede observar una piña de personas hambrientas que gritan y esperan por su comida. Nos unimos a ellas y comenzamos a hablar sobre la necrofília de la película, una gozada (y sí, es ironía), y un señor que esperaba delante de nosotras, nos mira descaradamente con una cara extraña, ¿por qué será? Ellas comen rápido, y yo mientras tanto, voy robándoles una patata de vez en cuando. Lorena y yo nos vamos. Nada más salir, notamos la lluvia caer sobre nosotras, éste es el tercer horror. Corremos hasta llegar a un portal y me dispongo a sacar un paraguas; entonces lo oigo. Era el sonido del autobús, cercano a nosotras, cercano a la parada, ya común para mi oído; debemos correr. Cuando llegamos las puertas se están cerrando, pero se abren al vernos correr. Abro el bolso y... Lo que hoy no encuentro es la cartera; quizás mi bolso sea demasiado grande. Estoy cansada, el viaje a casa resulta largo y silencioso. Ella se va, yo sigo. Al final es mi parada, pico y me bajo. Entonces veo mi casa... De nuevo aquí.

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